16 productores de Tababela Mejoran su calidad de vida Destacado

19 Mar 2018
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Ni un metro de tierra está desperdiciado en los 1800 m2 de la granja de cítricos y verduras de Mónica Ayala, localizada en Oyambarillo, a 12 km al oriente del aeropuerto de Tababela.

Da gusto caminar entre los árboles de naranja, de intenso color amarillo; limones, como el tahití, fuerte y jugoso; y el meyer, más grande. Al paso aparecen los árboles de toronja, limas, tomate de árbol, claudias doradas y rojas; duraznos, aguacates de diversa variedad; manzanas, moras, chirimoya, babaco, níspero…

Inclusive cultivan feijoa, una fruta alargada, de Brasil, cuyo sabor es una mezcla de guayaba con taxo.

En otro espacio de la huerta se ven cultivos de apio, zuquini, pimiento rojo, albaca, para ensaladas y ricas sopas. Es una tierra negra, llena de nutrientes, pródiga. Un vergel de frutas y verduras.

Al fondo, las montañas de la cordillera Oriental, de matices verdes, conforman una postal única y original.

Miriam Ayala forma parte de una empresa, auspiciada por Quiporty su Dirección de Responsabilidad Social, conformada por 16 productores en varias especialidades.

Según Luis Galárraga, Gerente de Comunicación y Prensa de Quiport, el proyecto arrancó a finales del 2013 y siguió, en su segunda fase, con la instalación de ‘Nuestra Huerta’, una acogedora tienda –tiene el ambiente de una boutique- bien dotada de una amplia variedad de productos que funciona, desde el 20 de noviembre del 2017, en el aeropuerto, local N. 206.

La empresa que agrupa a los 16 productores se llama AlpachacaMuyuverdeCia. Lda, y su organización –permisos legales delMunicipio, patentes,registro sanitario, etc,- fue posible gracias al apoyo de Quiport.

Galárraga sostiene que el apoyo y sugerencia del Banco Interamericano de Desarrollo –BID- fue clave en forjar una relación más estrecha y solidaria con las comunidades cercanas al aeropuerto.

El BID fue uno de los bancos que financió el nuevo terminal aéreo de Quito y tiene una amplia visión para interactuar con las comunidades y mejorar su calidad de vida. De hecho, en el proyecto de Quiport participan productores de las parroquias El Quinche, Tababela, Puembo y Pifo.

Cómo mejoran los cultivos

Ayala cultiva la huerta desde hace 10 años, sin embargo, desde el 2013, con la ayuda de Quiport, cobró más impulso. Dice que los cítricos los trae de Patate, cantón de Tungurahua. Un amigo le ayudó con los contactos, sembrar las frutas, y producir todo el año.

Luis Llamatumbi, su esposo, trabaja en micromedición de la Empresa Metropolitana de Agua Potable de Quito. Tienen tres hijas: Paola, de 25 años, ingeniera Ambiental por la Universidad Central; Michelle, quien estudia Fisioterapa en la UDLA; y Fátima, alumna del Colegio Las Mercedarias en Quito.

Por ello, Miriam se encarga de la huerta y recibe la ayuda de las hijas cuando tienen tiempo. El agua viene por riego del canal El Pisque, grande y correntoso.

Gracias al apoyo técnico de la ingeniera Agrónoma, Andrea Ortega, de Quiport, graduada en EarthUniversity, de Costa Rica, Miriam prepara nutrientes para el suelo. Por ejemplo, el ‘biol’, ‘biofermentos’ con base en majada de vaca y roca fosfórica, un polvillo que contiene fósforo.

El ‘compost’ lo hace con desechos del jardín: césped, ramas de la poda de árboles, cáscaras de frutas y verduras. La masa se descompone en cuatro meses y luego se convierte en una fina tierra llamada humus, la cual esparce alrededor de los árboles.

Sonriendo, Miriam dice que tiene un ‘ejército’ de 60 gallinetas enanas que revuelven el humus. Después de la cosecha de los cítricos, Miriam los lava con agua fresca y los deja en un cuarto limpio, y luego las lleva a ‘Nuestra Huerta’.

Una jugosa chirimoya la vende en USD 0,50; una naranja en USD 0,25; son precios de marcado. Así, Miriam contribuye a mantener el hogar.

Cómo nació el apoyo

Luis Galárraga, dice que el proceso comenzó cuando los productores ofertaban sus productos y costos, muchos por correo electrónico. El proceso fue afinándose.

Los viernes, los productores –también la gente elabora miel de abeja y mermelada de mora y frambuesa. Cecilia Ayala prepara, en su casa de Quito, ‘snacks’ (habas fritas de sal, habas con cáscara, sabrosas semillas).

Galárraga, explica que los clientes de ‘Nuestra Huerta’ (pasan de 10 cada día) son empleados de las empresas del aeropuerto, como la propia Quiport, la Dirección de Aviación Civil, y de las aerolíneas Avianca, Tame y Latam.

El proyecto, que tiene el aval del BID, se denomina Valor Compartido (las comunidades son las beneficiarias). “La gente, los productores, se vuelven actores de su propio desarrollo”.

Otro proyecto que está en diseño ya tiene nombre: Escuela de Capacitación. Los habitantes del sector pueden seguir cursos de inglés, para tratar con los turistas en trabajos, como meseros, guías turísticos, entre otros oficios.

Fernando Cáceres, jefe de Responsabilidad Social, dice que cuando se habla de generar oportunidades participativas para los distintos proveedores se fortalece la marca ‘Nuestra Huerta’ (el local lo paga Quiport) y, por ende, su calidad de vida.

Andrea Ortega confiesa que el propósito es forjar granjas ‘ecoamigables’, es decir, con actividades que ayudan a cultivar el suelo asegurando su fertilidad y nutrición.
Ortega habla de las bondades del ‘compost’ que enseña a preparar a los productores; además del cuidado del suelo, la calidad del agua es clave para la salud de los consumidores.

El atractivo local de ‘Nuestra Huerta’

Rebeca Baquero es la gerente General de la tienda ‘Nuestra Huerta, de la empresa AlpachacaMuyuverdeCia Lda. En el local, en el segundo piso del edificio central, se aprecia una mesa con todos los productos que ofrecen. Y vistosos estantes que muestran la gran variedad de productos.

“Los precios son muy accesibles –dice Baquero-, nueve claudias por USD 1,50; un durazno, USD, 0,50; 250 gramos de mermelada de mora y frambuesa en USD 4; Elena Simbaña, de Pifo, produce las mermeladas ajustadas a todos los procesos higiénicos y de calidad. Simbaña igual elabora deliciosas porciones de miel de abeja (se presentan en frascos de cristal). El costo: USD 5.

“Aquí hay de todo, buenos y sanos productos”, dice Baquero, sin dejar de atender a los clientes que entran y salen del local (entre 100 y 150 vienen cada día). Los aguacates, a USD 0,50, son los más solicitados a la hora del almuerzo.

 

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