Sombreros de colores seductores Destacado

 

Liliana vivió, entre 1993 y 1997, en Ayampe, un encantador paraje manabita cercano al mar, junto a Puerto López. En 1997 llegó el fenómeno de El Niño e inundó la comunidad.

Sin embargo, Liliana, su esposo, Werner Thanner, alemán, y sus pequeños hijos, Martín e Isabel, entonces de tres y un año, respectivamente, resistieron en la casa de madera y guadúa, de dos pisos, que la pareja construyó. Salieron por las excesivas lluvias.

Conservan la casa ecológica. Ahora, Martín tiene 22 años y se graduó de tecnólogo en Administración de Empresas en el Sistema Dual del Colegio Alemán, e Isabel estudia Pedagogía en Alemania.

Werner tiene un emprendimiento de turs por Ecuador en motocicletas Royal Emdfield (tipo inglesas hechas en India). Y Liliana confecciona bellos sombreros de fieltro, oficio que lo aprendió en Alemania. Hoy, los hace en su casa/jardín de Chiviquí, un pintoresco barrio que se halla en un rescoldo de la Ruta Viva, que conduce al aeropuerto nuevo.

Liliana estudió Diseño de Interiores en la Universidad Tecnológica Equinoccial (UTE). Obtuvo una especialización en Florencia, Italia, en Diseño y muebles.

Los juguetes de metal

Al retorno dirigió una metalmecánica cercana al antiguo aeropuerto, en el norte de Quito, donde, entre otras cosas, diseñó lámparas de metal y madera, para piso, techo y velador.

En el taller, en el que trabajaban tres artesanos, hizo pequeños juguetes de metal, como los que existen en los parques, de alrededor de 50 cms: resbaladeras, sube y bajas, columpios. “Los hice para alegrar la vida de los niños y para que los pequeños se distraigan de otra manera con las barbies”, dice, con una sonrisa.

“Soy un ser libre y mis herramientas principales son mis manos y mi imaginación”, dice Liliana. Contempla una lámpara de pantalla de fieltro, de un sugerente paisaje malva, que alumbra fotos familiares y un pequeño y hermoso cuadro que pintó su madre. Los objetos están en un muro.

También canta. Recibió clases con la artista Blanca Hauser y su voz tiende a contralto. Profundizó en la construcción de casas de guadúa, en este último tiempo, y elabora sombreros, los cuales los concibe con diseños únicos y originales y de colores seductores.

El fieltro es la base

Nunca olvida el nombre de su maestra que le enseñó a realizar sombreros: la alemana Carola Lanzerdorfer, quien, a su vez, aprendió en Bolivia y Alemania.

Luego de su estancia en Ayampe, la familia Thanner Donoso vivió en Regensburg, Bavaria, donde Werner trabajó en un departamento de Informática de las naves que sucaban el río Danubio de paisajes fantásticos. En Alemania vivieron 14 años.

La técnica para elaborar sombreros es ancestral. Son de lana de oveja y alpaca y las tinturas, naturales. Varios atados de lana los trajo de Alemania y en la mesa de trabajo se observan tonos de matices verdes, azules, rojos, morados. Para Liliana son sus ‘óleos’, y el fieltro, de 30 x 40 cms, es como un cuadro en el que mezcla las coloridas lanas.

Al ver un sombrero, quizá pocas personas imaginan el complejo y fuerte trabajo que hace Liliana. Alrededor de dos semanas emplea para elaborar un sombrero de varios tonos, de paisajes sugestivos y flores que cautivan, que los hace con mucha pasión y entrega.

Para que Liliana realice sus piezas, adquiere la lana de alpaca en Tumbaco y la de oveja trajo de Alemania. Las lanas deben estar lavadas, cardadas y tinturadas.

Para hacer la técnica del fieltro amasado pone una base de lana sobre unos moldes de plástico granulado, cortado en la forma del sombrero deseado. Sobre esta base ‘pinta’ con las lanas el tema del cuadro.

Coloca una malla similar a un mosquitero para sostener con fuerza el diseño. Cuando ya está listo lo extiende y usa agua y jabón de lavar ropa para que la lana absorba el líquido, mientras Liliana presiona con sus manos en forma circular. Así las fibras de lana se adhieren unas con otras, se entrelazan con más y más presión.

El otro paso: enrolla toda la pieza y la amasa hasta que quede compacta, dos horas, hasta comprobar que las fibras estén bien entrelazadas. Retira la malla y nace el fieltro. O su cuadro listo para crear sus paisajes de lanas multicolores.

Liliana da forma a los sombreros con sus manos, sus rodillas y al final los moldea en su cabeza. El costo parte de USD 39. Los sombreros atraen. Los ha vendido en ferias, como Texturas y Colores. También elabora carteritas portacelulares, bolsos, porta tambores y porta instrumentos; los sombreros se hallan también en almacenes folclóricos de La Mariscal como Muyu (Roca y Juan León Mera) y Casa Mariscal, en breve.

Liliana continúa trabajando en sus sombreros. En los jardines que rodean la casa estallan los colores por el sol y es como que quisieran impregnarse en los sombreros de esta artista, que se siente parte integral de su Pacha Mama o Madre Naturaleza.

 

Por: Byron Rodríguez Vásconez

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